Biología Temporal

 

DE LUZ, REFLEJOS Y REFLEXIONES

Muchas de las propuestas de David Scognamiglio, pueden ser vinculadas a la experiencia espacial y perceptual del tiempo, por ejemplo, empleando luz eléctrica en entornos abiertos o cerrados, permeados por elementos de la naturaleza que logren potenciar una visualidad y un pensamiento. Su formación como arquitecto, indudablemente colabora al momento de abordar fenómenos de apreciación y uso del entorno, todos ellos amalgamados desde la idea que la propia luz puede servir como sustento material y simbólico a una obra. En base a lo anterior, este escrito se ha propuesto complementar el texto de sala para profundizar en torno a algunos aspectos de la obra, tales como su contexto histórico y espacial, además de pensar en las materialidades y el ambiente como parte activa en su declaración de contenido.

LUZ EN PERSPECTIVA

El uso de la luz como medio en la producción visual y simbólica tiene una antigua data. Con bastante antelación a que el moderno concepto de arte permeara el quehacer creativo y mucho antes de experimentar la revolucionaria influencia de la energía eléctrica en la cotidianidad, fueron las vidrieras góticas y retablos los encargados de emplear la luz del sol -y de los candelabros- como medios para ampliar los efectos lumínicos en espacios místicos, proponiendo extraordinarias y profundas metáforas, justo allí donde ni la palabra ni la pintura eran suficientes. Más tarde, cuando el siglo XIX llegaba a su fin, París, epicentro artístico de la época, lo hizo conectada a la luz eléctrica: un avance tecnológico revolucionario en tanto generador de nuevas experiencias visuales que marcarían desde entonces a los artistas y sus producciones. Por un lado, los pintores impresionistas y post impresionistas testimoniaban con pinceladas resueltas la electrización de las grandes ciudades, pero por otro, con el cambio de siglo y la emergencia de nuevas directrices ideológicas, el siglo XX coronaría a la luz artificial como un material artístico por derecho propio.

Hoy la luz tiene un rol fundamental en el amplio universo de las exhibiciones de arte, a veces desde asuntos estrictamente funcionales, como escoger un ángulo e intensidad idóneos para observar una obra; otras veces, su actuación es mucho más protagónica como principal recurso visual y de producción de sentidos. Es en este punto que situaremos el corpus instalatorio de David Scognamiglio. Algunos de los elementos más característicos de sus trabajos, resultan de la correspondencia entre un lugar específico y su posterior intervención con luz canalizada, acción que le ha permitido a veces hacer interactuar el zigzag de un circuito incandescente con la propia arquitectura que lo sustenta, o producir brillantes grietas aéreas, cuya meditada organización geométrica se disuelve en reflejos acuosos esparcidos por el suelo, dejando deliberadamente un sitio a la acción del azar. En el caso de “Biología Temporal”, asistimos a los resultados de una etapa que aporta nuevos elementos a un itinerario artístico cada vez más consistente.

ESPACIO Y TIEMPO

Las instalaciones de este artista, frecuentemente emplean toda una sala o galería para que los visitantes se comprometan activamente, pues se trata de obras que están inmersas dentro de una rica red de significados contextuales o materiales, desde los que se busca dialogar con el visitante. El potencial discursivo inherente a los sitios que escoge para trabajar, ha sido más o menos tensado a lo largo de su carrera, en la cual se observa una permanente reflexión en torno “al modo en que el ser humano contemporáneo usa el espacio tanto público como privado y lo va cargando de simbologías más o menos conscientes. Con esto no me refiero a marcas institucionales como edificios nuevos o monumentos, me refiero a la huella expresada en pequeños gestos que son simultáneamente funcionales y estéticos, por ejemplo, esos parches de cemento que tapan grietas o encubren restos de postes de señalética. Todo esto tiene que ver con la superposición de capas de tiempo, porque es la sumatoria de pequeños rastros que testimonian el tránsito de comunidades sobre un territorio. Más aún, pienso en los dólmenes y menhires alzados hace miles de años atrás, con los cuales se buscaba una conexión con el territorio que iba más allá de transitarlo en busca de alimento y refugio.”

“En la ciudad hay miles de parches de cemento, de puertecitas de metal. Me parecen muy interesantes y los voy registrando en foto. Mi celular está lleno de ellas.”

Para el artista, galería NAC se alinea a estas reflexiones, al manifestar en su propia estructura una multiplicidad de capas temporales: “Basta observar la distribución del espacio, para inferir que el lugar se concibió como una casa, de la cual aún subsiste una piscina. También se observan trazas de transformaciones posteriores como ventanales y algunas ampliaciones. Entonces te das cuenta que en algún momento de su historia pudo haber albergado una oficina o showroom. Igualmente, es posible trazar una temporalidad futura, porque simplemente mirando el entorno ves muchos edificios y no es difícil imaginar que éste podría ser un próximo destino del lugar”. Efectivamente, la galería es promotora de distintos modos de gestión del tiempo, pues por un lado concentra muchísimas actividades culturales y por otro convive con “Biología Temporal”, exposición que nos invita a un momento de contemplación, que en su quietud contrarresta el movimiento exterior. Al entrecruzarse todos estos tiempos y acumulaciones de pequeñas historias, a David Scognamiglio le gusta pensar que el espacio no es neutral, “sino que carga con toda una estratigrafía de la vida”.

ESTRATOS Y MEMBRANAS

Si bien, los elementos que componen este proyecto se organizan en torno a una experiencia unificada, es importante comentar que cada pieza proporciona información que aporta a comprender el conjunto. Encontramos alrededor de treinta piezas de distintos formatos, distribuidas en diferentes zonas de la galería y realizadas en resina, un material utilizado a nivel más industrial que artístico, caracterizado por su composición similar al plástico, pero que a veces puede llegar a ser transparente y tan brillante como el vidrio. En esta exposición se ha trabajado superponiendo capas de resina como si fuesen veladuras que se entretejen y fusionan con una red de fibra de vidrio, cuyos filamentos a veces han quedado a la vista, evidenciando un proceso en que vemos una diversidad de interacciones materiales, proporciones y tiempos de secado; densidades, transparencias y brillos. Para el artista “puede ser interesante destacar que la materialidad, si bien, en un principio es líquida, al catalizarla para trabajar se va solidificando y esto nuevamente guarda relación con el tiempo, porque a medida que la resina endurece es cada vez menos manipulable. Sin embargo, en el acotado tránsito desde lo líquido hasta lo sólido está por un lado mi posibilidad de intervención y por otro, la capacidad del material para testimoniar dichas acciones”.

Muy al comienzo de este proyecto, cuando recién experimentaba con la resina, David advirtió que ciertas formas y texturas generadas de manera aleatoria en el proceso, podían asociarse con morfologías tales como piel, huesos, conexiones neuronales, tendones o incluso líquido amniótico. Todas estas reminiscencias biológicas entraron en consonancia con otras obras realizadas a partir de una sucesión de módulos tubulares, que al autor recordaban corales, esos animales que al morir generan un armazón duro sobre el que van posando sus descendientes. En palabras del autor “los corales crecen encima de sus muertos, lo cual no solamente trata de una estructura biológica que se desarrolla, sino testimonian el ciclo de la vida. Pude advertir que la resina más o menos densa iba adquiriendo un aspecto mineral y ciertas partes socavadas o con alguna huella endurecida, traían a mi memoria fósiles o células. Por otro lado, las laminaciones de resina me hicieron pensar en capas geológicas y entonces encontré interesante orientar mi trabajo a partir de una tensión entre dos maneras de interpretar el tiempo, por una parte, el breve tiempo en que el ser humano habita este mundo y por otra, la edad geológica que es evidentemente mucho más extensa que cualquier ciclo vital posible”.

DAR A LUZ

Cuando finalmente los elementos ocupan su sitio y recorremos la instalación, todo trabaja en un mismo sentido y es posible observar que los paneles más grandes redirigen el flujo de luz natural y los más pequeños, redondos o tubulares incorporan iluminación artificial. Lo anterior “nos sitúa en el centro de una constelación de paneles brillantes, de distintas proporciones y distancias. Las luces cálidas y frías de la galería apoyan el despliegue una amplia cantidad de tonalidades blancas, lo cual contiene un universo de variedades sutiles, que están ahí para descubrirlas en función de nuestras diversas sensibilidades.”, señala el autor.  En consonancia con estas intencionadas disposiciones, en “Biología Temporal” la misma galería es reconocida como un recurso artístico que, al entrar en diálogo con la transparencia de los paneles, logra dividir y comunicar fronteras, al tiempo que se flexibilizan los límites del espacio edificado. Son justamente estos amplios paños de fibra y resina translúcida que al suspenderse frente a la vitrina contribuyen a reducir la perspectiva longitudinal, lo cual “al estrechar el espacio e iluminarlo con tonos más bien cálidos, podría incluso tener reminiscencias del espacio uterino”.

A propósito de la palabra “uterino”, no es vano señalar que por primera vez David Scognamiglio es padre y esta experiencia biológica fundamental ha calado hondo en su mundo íntimo y en su trabajo, pues resulta evidente que ha expandido su horizonte creativo hacia nuevas preguntas, atreviéndose a probar con materialidades y soluciones plásticas variadas. En esta misma línea, por vez primera, una de sus obras emplea luz natural “y este es un punto que me interesa mucho” señala él, “porque estas superficies según cómo se miren y cómo actúe la luz del ambiente, van cambiando”. De hecho, en sus trabajos precedentes, el ambiente ideal era la oscuridad y si se instalaban en el espacio público, esperaba que se hiciera de noche, para dejar actuar solamente la luz que él estaba dirigiendo. La posibilidad de trabajar con opacidad y translucidez es también algo totalmente nuevo en sus propuestas, pues en ocasiones anteriores la luz manaba desde un filamento luminoso que se miraba directamente, sin embargo, en “Biología Temporal” las obras actúan como si fuesen un filtro o una membrana sobrepuesta a la luz que brota detrás de ellas y esa trama de hilos de fibra de vidrio, hace eco de los mencionados filamentos característicos de sus obras precedentes. En cuanto al empleo de luz natural, otro aspecto novedoso comentado por el propio artista es que “para esta exposición, dispuse especialmente un pequeño espejo en el patio, justo frente a la galería para captar el ultimo rayo que viene desde el poniente para hacerlo entrar en la galería desde oriente. Este rayo cruza el vidrio empavonado y rebota sobre una parte del lienzo más grande, generando un brillo tenue”. Y en efecto, se trata de un rayo de luz que marca la muerte del día presente, pero que al llegar desde oriente nos recuerda el nacimiento de un próximo ciclo.

 

Victoria Jiménez, Doctorando en Historia del Arte UB