Constelaciones / Emocional Relacional

Galería Gabriela Mistral. Santiago, Chile.

Site-specific installation that investigates the relationship between public and private space, creating a space of introspection in the middle of urban chaos.

INTERVENCIÓN PRIVADA

Por Juan José Santos

El reflejo de tu rostro en un charco negro, como si fuera una fotografía en la pantalla de un Iphone. Una línea de luces rebota sobre el líquido. Tus pasos, que rodean la pequeña balsa de agua, producen unas ondas que distorsionan tu cara en el espejo del suelo, hacen vibrar las luces, generan diminutas olas que te recuerdan a aquella noche en aquella playa, a las estrellas tintineantes, a cuando eras niño y jugabas navegando tus manos sobre la superficie del mar, y escuchabas las gotas cayendo, salpicando. Recuerdas aquel paseo nocturno por la ciudad, justo después de llover, alumbrado por las farolas de las calles, inmerso en tus pensamientos. Qué es recordar, imaginar, proyectar, soñar despierto. Qué es sino una intervención privada.

Existe un chilenismo muy gráfico; quedé pa´dentro. Significa quedarse atónito, sumido, arrebatado. Cuando recibes una noticia negativa, o algo te apena, quedas pa´dentro. Te refugias en tu interior. Una suerte de postura meditabunda, que consigue que los estímulos externos (el afuera) reboten y no penetren en tu cuerpo. Sin duda el arte también puede provocar, a través de conexiones (externas e internas) que miremos hacía nuestro interior. Leamos el trabajo de David Scognamiglio desde este punto de vista: consideremos la palabra intervención como polisémica.

Una intervención pública, como la que realizó en la urbanización “Ciudad de los Valles”.

Los mejores barrios los esperan

La “Ciudad de los Valles” es como un microsistema urbanístico situado a la periferia de Santiago, con su iglesia, su gimnasio o su supermercado, en el que viven 2.000 familias. Scognamiglio acudió a esa ciudad dentro de la ciudad, para realizar una intervención pública (que fue grabada, y cuya filmación está presente en la exposición de la Galería Gabriela Mistral, espacio dependiente del organismo público). La acción, situar un prisma de luz en la calle, carecía de autorización, y no existía una previsión de cómo iban a reaccionar los vecinos. No paso nada, el interés de los transeúntes que se toparon con esas extrañas líneas de luz en sus calles fue inexistente.

Esta pequeña ciudad privada, anunciada mediante el letrero “Los mejores barrios los esperan” (eslogan un tanto macabro), es producto de la especulación inmobiliaria. Una aldea rodeada por una verja, con desproporcionadas medidas de seguridad, para proteger a unos habitantes que comparten un rasgo con el resto de las sociedades avanzadas del siglo XXI; un progresivo aumento del tiempo vital transcurrido dentro del hogar. Cada vez vivimos más dentro de las casas, en el espacio privado, y menos en las plazas, calles o parques. Internet es la máxima responsable. Si a este hecho añadimos la privatización del espacio público (otra característica del los tiempos actuales) obtenemos como resultado una privatización de lo público, en todos los sentidos, de una forma voluntaria, forzada e introducida clandestinamente por los poderes (privados y públicos). Tal es así, que si de casualidad, en una de nuestras escapadas al exterior, nos tropezamos con un elemento perturbador (una estructura de luz), o no nos percatamos, o no nos interesa. La otra explicación, aún más preocupante, es que nos hemos/nos han privado de opinión. El libre dictamen público ha sido secuestrado; por falsas democracias, por una sobrecarga de la publicidad, por el aturdimiento que padecemos ante el aluvión de links de la Red Global.

Sinapsis lumínicas

Los links, las conexiones, pueden afectarnos de manera positiva (cuando hacía donde los dirigimos nos proporciona un estímulo aprovechable) o negativa (al contrario). El mapa trazado anteriormente, que describe sociedades encerradas en sus domicilios, gobernadas por lo privado, no favorece la conexión interpersonal. Menos aún un enlace más íntimo, con el Yo y con el Él/Ella. Se anquilosan las conexiones neuronales, las sinapsis, los vínculos emocionales y los vínculos internos.

En anteriores trabajos de David Scognamiglio, como “Constellations / L’Origine” (2014. Nuit Blanche, Paris, Francia), una intervención lumínica en el espacio público, vemos como las luces rebotan en los charcos del suelo y cruzan a las personas en la calle. Las líneas de luz se quiebran, se conectan entre ellas, y conectan con el espacio y los visitantes. Compuestas por pequeñas perlas irradiantes, forman constelaciones geométricas (El papel de la luz, en relación a la astronomía y a la arquitectura, tiene su cénit en el Arte Islámico: otra conexión que se puede establecer con el arte de Scognamiglio).Volúmenes que, al igual a los expuestos en Gabriela Mistral, tienen una concepción arquitectónica. Diagonales que parecen pintadas digitalmente, como grafitis de luz. Características que nos recuerdan que el artista, además de haber sido un adolescente grafitero, se formó como arquitecto en la Università degli studi, de Florencia.

La exposición, el diseño de luz junto con el atlas de manchas de agua negra y el sonido de gotas cayendo, el vídeo de la filmación de la intervención en la “Ciudad de los Valles”, y las fotografías – sin marcos- de las líneas lumínicas reflejadas en charcos, tiene una posibilidad psicológica, otro de los intereses de Scognamiglio. Hay una conexión con el espacio, una conexión de lo líquido y lo lumínico, y una conexión con el exterior (se ha dejado una franja vertical en la vitrina que da a la calle para que el ciudadano de Santiago pueda observar, desde fuera, lo de dentro), también se propone una conexión con nuestro interior. El concepto desarrollado en las Constelaciones familiares es ineludible; la metáfora del conjunto de estrellas que aparecen agrupadas en el firmamento es una fórmula de la psicoterapia, orientada a conseguir que se exterioricen (se hagan públicos) conflictos o traumas en el seno de una familia. Las sesiones, por cierto, se denominan intervenciones.

El abismo está arriba

Ver bajo techo, en el suelo de una espacio cerrado, charcos, es una imagen chocante, que nos remite o bien a una inundación, una gotera, o un escape de la lavadora. Es decir, aunque sea a nivel doméstico, a una tragedia. La aparición de un cuerpo prismático de luz en dicha situación expande el extrañamiento, aunque en una dirección contraria; pareciera una intervención divina.

La luz esclarece, es el elemento clarificador frente al agua negra, que representa lo desconocido, lo oscuro, y lo profundo. Uno asoma el pescuezo a alguna de las manchas tenebrosas y cree que se va a enfrentar al abismo. Pero si uno sale de la galería, por muchos agujeros que localice en el suelo, por muchas pozos, volcanes o cenotes, comprenderá que el abismo no está abajo, sino arriba.

El abismo está arriba, es una reflexión, o una frase hecha, como otra cualquiera; por ejemplo, que el universo está dentro.